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Lares y los aguacates

22 de diciembre de 2011

Nota: Hoy, 22 de diciembre de 2011, día de la bandera puertorriqueña y 116to aniversario de la monoestrellada, compartimos la siguiente reflexión del compañero abogado Carlos Quirós Méndez sobre el imaginario nacional independentista y los reclamos del pueblo trabajador. La reseña fue originalmente publicada en masenlucha.org poco después de la conmemoración del Grito de Lares el pasado 23 de septiembre. Se reproduce en El Laboralista con el permiso de su autor.

Lares y los aguacates
por Carlos Quirós Méndez

La conmemoración del Grito de Lares este año ha tenido un profundo significado para mí. Aparte de la organización unitaria de la actividad (que siempre es bueno) y del hecho de que por primera vez en años no me mojé como un pollo por las lluvias torrenciales, allí tuve una verdadera y profunda revelación.

Entre todos los mensajes del día me impresionó fuertemente el de un compañero, que se merece todo mi respeto, de avanzada edad (por su propia admisión) que despotricaba a diestra y siniestra sobre diferentes asuntos. Según el, tenía más dedos de la mano que sindicatos que “valieran la pena”. Interesante planteamiento, pensé. Quizás es que yo tengo más dedos que él en las manos o quizás mi criterio de “valer la pena” es distinto, pero de alguna manera me parecía incorrecto lo que se planteaba.

Pero después vino lo verdaderamente importante.

Este compañero empezó a criticar el hecho de que se estuvieran vendiendo diversas mercancías  en Lares. Que aquello parecía una plaza del mercado. Que estaba bien que las organizaciones vendieran libros (porque ayudan al desarrollo de la conciencia) pero que allí había un montón de gente vendiendo todo tipo de mercancías que nada tenían que ver con la lucha por nuestra independencia. ¡Hasta aguacates estaban vendiendo en la Plaza de la Revolución!

Admito que de momento perdí la concentración. Creo que los aguacates de Lares son los mejores de Puerto Rico. Y el hecho de que no hubiese almorzado provocó que de momento me transportara, por breves instantes, a recrear en mi mente la imagen de un sabroso almuerzo acompañado por un suculento aguacate. Me confieso. Creo que perdí la concentración por más de un momento. Porque no recuerdo más de lo que expresó el compañero después de su ataque furibundo contra los aguacates. Creo que mencionó algo sobre la necesidad de quemar banderas y asaltar cuarteles, pero realmente no puedo dar fe de que esto sea cierto.

Finalizados los discursos políticos del día pasé a buscar mis compañeros de vehículo, ya que teníamos que regresar temprano al área metropolitana. De momento recordé los aguacates objeto de la ira del compañero y, en un acto de desafío anti-patriótico, me dirigí al área de las carpas donde una gran cantidad de artesanos vendían sus mercancías. En la acera al lado de las carpas se encontraba una pareja vendiendo aguacates, los aguacates más bellos que uno pudiera imaginar.

Le pregunté al hombre que a cuanto vendía los aguacates y éste me contestó: “a dos por cinco pesos”. Maravillado por la belleza de la exquisita fruta (si… es una fruta no un vegetal) y por un precio que me parecía bajo (para mis criterios de la loza) procedí a pedirle dos. El hombre procedió a colocar dos bellos aguacates en una bolsa plástica. Y al darle los cinco pesos ocurrió algo que no me esperaba. El hombre me dijo, “Gracias por apoyar la agricultura puertorriqueña”.

Antes de que pudiera aquilatar lo que me había dicho ese hombre me di la vuelta agarrando firmemente aquella bolsa con los dos aguacates. De momento estaba más preocupado por mi pecado aberrante contra la Patria que por el comentario que me había expresado aquel hombre. Pero no había dado más de tres pasos cuando de momento tuve mi revelación.

“Gracias por apoyar la agricultura puertorriqueña”. Esas pocas palabras contenían un mensaje profundo. Aquí se encontraba un agricultor puertorriqueño, vendiendo su cosecha el día del Grito de Lares. Y este acto constituía, aparentemente, una ofensa a la dignidad de la Patria.

¿Cómo puede ser esto? pensé. Aquí se encontraba esta pareja de agricultores vendiendo aguacates para su sustento. Agricultores que se encuentran en vías de extinción debido al avance del gran capital y de la importación de frutas y vegetales de otros países. Agricultores que aprovechan para vender su cosecha el único día que asiste la gente masivamente a Lares. Salen, como el jibarito de Rafael Hernández, locos de contento con su cargamento para la ciudad. Pero Lares no es una ciudad. Es un pequeño pueblo del centro de la isla que, al igual que muchos, se muere de necesidad.

Y entonces, ¿Por qué constituye una afrenta a la Patria vender aguacates en la Plaza de Lares? ¿Acaso un Puerto Rico libre no necesita de sus agricultores? ¿Y donde dejamos  nuestro reclamo por la soberanía alimentaria? Todas estas preguntas me atormentaban mientras me hacía camino entre la multitud agarrando aquella bolsa que contenía la evidencia de mi delito.

¿Y que pasa con los demás que venden sus mercancías en Lares? Aquellos artesanos que tradicionalmente venden sus jabones, sus bordados o sus artículos de cuero. ¿Era eso también un delito contra la Patria? ¿O acaso no era éste un grupo de pequeños productores tratando de sobrevivir? Pequeños productores que, al igual que aquella pareja que vendía aguacates, forman parte de la pequeña burguesía según definimos en la terminología marxista. Pequeña burguesía que ha constituido históricamente el aliado natural de la clase obrera.

Entonces reflexioné sobre el hecho de que a Lares vamos a conmemorar una gesta histórica en la lucha por nuestra independencia nacional. Una lucha contra el despotismo político y económico que ahogaba a los productores puertorriqueños. Productores que como aquella pareja en Lares, vendían su cosecha en el pueblo más cercano.

Entonces miré mis aguacates y me pregunté: ¿Será por esto que la independencia tiene tan poco apoyo entre el pueblo? ¿Será acaso porque no acabamos de entender que la independencia no tiene sentido si no tiene sentido para los más necesitados? ¿Para el obrero explotado, para el agricultor al borde de la bancarrota, para todas y todos los marginados?

Finalmente llegué al carro con mis dos aguacates, sudado por el intenso calor de la tarde lareña, pero ya sin un ápice de sentimientos de culpa. Al contrario, me encontraba orgulloso de haber apoyado la agricultura puertorriqueña. El orgullo producto de esta revelación me llevó inexorablemente a conclusiones dignas de un hereje político-gastronómico. Quizás la conmemoración del Grito de Lares debe cambiar. Quizás debe ser una gran feria agrícola donde nuestros campesinos puedan llevar su cosecha. Quizás debe ser una gran feria de artesanía en que nuestros pequeños productores puedan ofrecer sus creaciones. Quizás debe ser una fiesta obrera en que los trabajadores puedan recuperar su historia de lucha contra la opresión y la esclavitud.

Quizás debamos transformar a Lares de templo del independentismo a una gran celebración del pueblo trabajador en que los marginados y los más necesitados acudan masivamente. Y una vez allí, quizás entonces podamos compartir con estos sectores la idea de que es necesaria la independencia.

Y quizás también podamos todos comprar aguacates en paz.

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